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lunes, 4 de marzo de 2019

El descalificador


Tipos de hombres: el descalificador

Creo que tengo la negra. Pero me lo tomo con muy buen humor y me reí mucho con las salidas de ese tipejo al que conocí por Internet. Por Messenger y por teléfono parecía muy agradable, divertido, seguro de sí mismo y hasta encantador.

Por Alicia Misrahi. Página web: www.aliciamisrahi.com

Lo primero que me dijo mi supercita del sábado fue: "No me creo que estés aquí, no sé qué puedes ver en un tipo como yo. Sé que no soy nada atractivo, estoy gordo (bla bla bla)". Le contesté que ya sabía cómo era por las fotos y que me había parecido un hombre muy interesante por todo lo que habíamos hablado previamente y que sólo habíamos quedado para tomar un café y seguir conociéndonos.



Casi inmediatamente, decidió que no podía ser verdad y empezó a comunicarme por qué no era así.
"En las fotos parecías más estilizada".
"Pues tampoco tienes las manos tan bonitas como decías. En la foto parecían más finas y bonitas".
"¿Por qué dices que la parte que prefieres de ti son las piernas? Tampoco es para tanto".

Y suma y sigue. Todo esto teniendo en cuenta que provenía de un hombre que pesa 30 kilos más de su peso ideal, con papada triple, cara de pan de kilo y muslos que, si fueran un poco más estilizados, podrían ser las columnas del Partenón (es una descripción objetiva, no estoy siendo sarcástica). Cuando lo vi aparecer me pareció que era un tipo agradable, a medida que iba soltando sus descalificaciones empezó a transformarse en un sapo muy difícil de tragar (uno muy grande, además).



No tenía ni tengo nada en contra de su físico, pero, ¿por qué pasó de la admiración absoluta a la descalificación punto por punto?, ¿por qué tenía que dejar que él fuera grosero y yo ser políticamente correcta? Es más, ¿por qué él consideraba que nos debíamos medir por un doble rasero? El que me calibraba a mí no me pasaba ni un gramo de grasa, el que le valoraba a él era un ser abierto a la diversidad mundial, con conciencia plena del universo y de la belleza interior y sin ojos en la cara.

No me pude aguantar, me reí con cada una de sus salidas de tono y, en la última que le permití decir, que no recuerdo cuál fue, me levanté y le dije:

-Yo tampoco creía que había quedado con un tonel y no lo digo por tu exceso de volumen, más que evidente, sino porque eres un alcornoque.
No sé, me salió así, me hubiera gustado ser más ocurrente, pero no lo fui.

El canon de belleza

Por otra parte, me pregunto cómo podríamos luchar contra el ideal de belleza imperante en nuestros días y no me refiero a prohibirlo en los anuncios y en las películas, sino a abrir nuestra mente para estar receptivos a la forma de ser de una persona con independencia de su físico. 

Famoso en 2014 como "el delincuente más bello del mundo", Jeremy Meeks acumuló 75 mil me gusta, y 10 mil compartidos y es la viva imagen de que "el físico no importa" (¡Ja!).

(Casi) Todos decimos que la verdadera belleza está en el interior, pero, inevitablemente, las personas que nos atraen son las que nos parecen atractivas por su aspecto. Ya luego, si eso, hablan y la cagan y salimos huyendo o en otros casos, los peores, nos quedamos intentando que la idea que nos habíamos hecho de esos humanos aflore desde su interior y nos fastidiamos la vida solitos. 
Un tercer paso hacia el desastre sentimental es intentar ayudar a esa persona, tóxica para nosotros, a descubrir su verdadero Yo y, de paso, abrimos el taller de reparación de juguetes rotos y nos ilusionamos con cada pequeño avance que parece realizar, a pesar de que cada vez nos trate peor. Un pasito adelante, dos zancadas hacia atrás, hacia el abismo insondable del sufrir por un falso amor.

Por curiosidad y sin traumas (de verdad), ¿alguien me puede explicar qué le pasó a este tipejo? No entiendo cómo de la divinización de mi persona pasó a dinamitar la estatua en un altar que él mismo se había creado.


P.D. ¿Un alcornoque? ¿Un alcornoque? ¿Por qué no se me ocurrió nada mejor? Jajajajaja.

P.D. 2. No me gusta hacer sentir mal a nadie, pero si me atacan doy rienda suelta, sin querer, a mi pequeño yo negro de mala sombra.

P.D. 3. ¿Es posible que nos gusten las personas con un determinado físico no sólo por moda o por la cultura estética dominante en nuestra época sino porque somos animales programados para buscar determinados tipos de parejas sexuales? En caso afirmativo, ¿no deberíamos empezar a aceptar este hecho sin hacer tantos aspavientos hipócritas en nuestras declaraciones públicas?

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