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martes, 22 de enero de 2019

El peso de la negrura

Siento si hiero sensibilidades. En mi vida, y en este blog, escojo ver tanto lo bello y alegre como lo triste o desesperado o terrible. Quiero intentar comprender, tener una visión lo más completa y panorámica posible; SABER.
Alicia Misrahi. Página web: www.aliciamisrahi.com

La parte positiva (más evidente) de la historia de María, la mujer de esta entrevista de La Vanguardia -autora del libro ilustrado "Duermo mucho" sobre su experiencia en un psiquiátrico- es que sigue adelante a pesar de todo: "Me daban doce pastillas al día, incluso para trastornos, el bipolar, que no me habían ni diagnosticado, y el litio me provocaba temblor en las manos. Me querían tranquilita y luego me recriminaban que dormía demasiado."
María Manonelles, autora de Duermo mucho: "Vacío absoluto, te quedas sin futuro, y la idea del suicidio te persigue hasta que llega a formar parte de tu día a día, es un pensamiento más: “Tengo que hacer la colada, la compra y suicidarme”.
También hay otra lectura más arriesgada, quizá más valiente y beneficiosa, que es que la depresión, entre otras enfermedades mentales, está a nuestro alrededor, a veces cerniéndose sobre nosotros y que, aunque no hay que resignarse a ella, a lo mejor sería más sano aceptar que puede afectarnos a cualquiera.
De esta manera, a lo mejor muchas personas no tardarían meses o años en pedir ayuda ni sentirían que son culpables por no saber "gestionar su cabeza" (sintiéndose doblemente mal) y, de paso, no los estigmatizaríamos ni discriminaríamos ni los dejaríamos de lado.
Si decimos que la locura no existe, si la depresión (y otros) son enfermedades mentales y no se incapacita por sistema a las personas por padecerlos, ¿por qué en los psiquiátricos, en comunidades concretas de toda índole y en la sociedad en general se les/nos trata como si no tuvieran ningún juicio ni sensatez?

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