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domingo, 30 de junio de 2019

A cada ladrido tuyo...

Kurt y Alicia Misrahi
A cada ladrido tuyo, a cada sonrisa con la lengua fuera, corresponde un latido: un paso para salir de casa, un motivo para correr y jugar, contigo. A veces pienso que siempre procuro y ansío tener un perro para encontrar excusas para seguir. Si no me lamieras con cuidado la nariz para despertarme, quizá me abandonaría a esa noche inmensa de castillos obsoletos y objetos perdidos que enmarañan mis sueños.

Página web con artículos y libros: Alicia Misrahi

A lo peor, si no me golpearas, sin delicadeza ninguna, con tu impaciente e implacable pata marcando cuatro barras en mi brazo, las mañanas serían un letargo del que no podría escapar, laberinto de dolores y lágrimas y desesperanza, agorafobia kafkiana con toques de Berlanga, ideas que dan vueltas sobre sí mismas, mareo ante la realidad, ansiedad. 


A lo mejor, por esas razones siempre hay un perro en mi vida; porque cuando me miras con tus ojos inquisitivos y profundos -nobleza y amor por mí, esté como esté- me levanto y me desperezo lentamente arropada por eternas nubes de fatiga, jirones del cansancio del mundo y por el mundo adheridos indisolublemente a mí.

(Atención: contenido sentimental y algo deprimente (hasta una tasa máxima del 60%) que puede conmover a las personas sensibles y afectarlas seriamente.).


Nika (de secano) y Alicia en el mar..
Estoy segura de que sin el can que ocupa el puesto fijo de perro de mi casa muchas veces no saldría y me consumiría entre latas de fabada asturiana y fruta marchita, como mi ánimo después de siete años de intentar de todo. Si me reinvento una vez más, me convertiré en un unicornio

Dejadme en paz, no he solicitado vuestros bienintencionados consejos sobre cómo dirigir mi vida en un mundo en naufragio. Y si queréis aconsejarme, escuchad primero mi historia sin anticiparos con soluciones de coach iluminado por una temblorosa vela que avanza a trompicones tropezando siete veces (por minuto) en la misma piedra de la caverna.

No me brindéis más sabias recomendaciones. En lugar de eso, encontrad un dragón y presentádmelo, ofrecedme una colaboración periodística mensual (pagada) o dotadme de un superpoder, como por ejemplo, comunicarme con las máquinas vía pensamiento. Yo ya me las apañaré...

Pero tú siempre estás a mi lado.  No sin mi perro. Eres Kurt, el perro  indomable de perrera que ha descubierto su faceta de pequeño burgués cariñoso y hogareño. Fuiste Nika, la loka entusiasta que era mi sombra y mi luz, la que siempre me seguía pisándome los talones (literalmente) y el ser más alegre que he conocido jamás. 


Alicia y Duc, supercolegas.
Antes fuiste Duc, pastor alemán digno y elegante con el que nos entendíamos sin palabras, un lazo invisible para todos -excepto para nosotros-, nos unía; caricias en la distancia, tu mirada para consultarme cuando estabas en una situación difícil o ante un paso abrupto: "Por aquí, Duc", te decía señalando con el dedo la dirección correcta. Confiabas en mí, confiaba en ti. Siempre pensé que si existen las reencarnaciones no me importaría ser tu compañera perruna. Prometo no pelearme con todos los machos de tu especie como hacías tú. Nadie es perfecto.


Duc, la mirada
Eres todos y cada uno de ellos, el perro que me acompaña y me sigue, mi compañero de vida hasta la inevitable despedida, vacío desgarrado en el alma y en el hogar. Eres quien me recuerda que hay que comer, el que me impulsa a salir e intentar algo nuevo. Eres la pura esencia de un perro, leal pero no servil. Seas Duc, Nika o Kurt siempre intentas conseguir alguna ventaja adicional, dar un paso más dentro de la cocina que tienes prohibida, robar una galleta, adelantar la hora de la cena...

Eres amor y yo también lo soy. Alguien demasiado sensible y rebelde para estar en este mundo en el que me ha tocado vivir. Una persona demasiado dolorida y vulnerable al calor y al cansancio y a la rutina como para seguir un horario y aguantar las pequeñas y grandes mezquindades de cada día, cada empresa, cada trabajo, cada grupo de amigos, cada comunidad de vecinos... Soy PAS aunque quisiera ser pasota.


Por estas razones, eres mi perro y veo y celebro y potencio tus diferencias y sufro con tus enfermedades y salgo de casa para sumergirme en ese universo hostil que me hiere con sus injusticias. Supongo que sigo siendo la "defensora de las causas imposibles" como me llamaban algunos profesores con irritación y cariño.

Tengo amigos, sí, pero están lejos por la distancia y por la urgencia de la vida cotidiana.

Kurt, la bestia tierna.
Como dijo una de ellos, "la vida se nos come" entre el trasegar de trabajos mal pagados, horas extras impuestas, listas de espera cada vez más largas, lo caro que está todo, la urgencia de las prisas y de los compromisos y el cuidado de la familia. La soledad física suele ser mi compañera, alivio momentáneo al hablar por teléfono, el vuelco en el corazón de cuando me haces ojitos por primera vez... y las siguientes. Será nuestro secreto, Kurt, no le contaré a nadie que ese perrazo al que algunos tienen miedo me mira con cariño arrobado. No les cuentes tampoco la cara que te pongo yo... 

Hoy, ahora, dolorosas raíces de males y cansancio me anclan a esta tierra que me gustaría dejar en un vuelo, en una huida alada y voraz. No puedo con mi alma.

Aun así, cuando se apacigüe el calor saldré contigo, Kurt, para pasear y jugar juntos y fomentar y domar tu carácter prusiano: te encantan la rutinas y amas cumplir órdenes, no por obedecer sino porque te gusta el reto de entender y seguir las instrucciones con precisión germana.


Saldremos de casa y seguramente nos seguirán Nika y Duc, invisibles para nosotros y espero que habitantes de un mundo en el que son felices y tienen amor. Una parte de ellos estará siempre con nosotros: tantas aventuras vividas, tantas por vivir...







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