Hace años, cuando el libro no era sólo un producto que exprimir al máximo, había cierta inquietud de las editoriales por ofrecer libros de calidad y por darlos a conocer y promocionarlos aunque no fueran béstsellers de partida. Las editoriales, en un pasado no tan lejano aunque parece remoto, apostaban por nuevos nombres, nuevos libros, nuevas voces, nuevos temas, nuevos enfoques y defínían la cultura y la ofrecían. Ahora, no.
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Hace diez años, cuando empecé a publicar libros de ensayo y autocrítica/crecimiento /autoayuda salvaje, las editoriales todavía se involucraban
algo con los libros que publicaban. En novela se empezaba a mascar ya
el halo maléfico de la codicia superventas, pero todavía había
oportunidades.
Los escritores noveles o primerizos todavía siguen creyendo en el hada mágica y redentora de la publicación según la cual cuando consigan publicar un libro su vida cambiará (para mejor) y lo habrán logrado.
En realidad, actualmente, publicar un libro no quiere decir nada, no significa nada -ni siquiera que sea bueno al igual que si un escritor no logra publicar un libro tampoco quiere decir que sea malo- y lo más seguro, a no ser que sea un béstseller de nacimiento, es que se venda poquísimo y que apenas llegue a cubrir gastos y mucho menos a dar dinero y mucho menos a su autor…
Texto: Alicia Misrahi. Página web: www.aliciamisrahi.com









