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martes, 6 de marzo de 2012

Freelance, esos muertos de hambre

Los freelance, que es la forma glamourosa de decir los muertos de hambre que colaboramos en todos los medios que podemos y cobramos cada vez menos (tanto en cantidad como en frecuencia), vivimos en la precariedad.

Alicia Misrahi, artista del alambre virando hacia artista del hambre; colaboradora freelance de Qué Leer, Adiós, La Maleta Roja, InMediatika; traductora; camarera; señora de la limpieza; escritora autora de Sé Mala, Adiós mundo cruel y Manual de la aprendiza de depredadora más doce libros más y antigua colaboradora de Sexologies, Teletodo, Playboy, El observador y el Diari de Barcelona, entre otros muchos. (Si eres redactor jefe o director de algún medio, busco más colaboraciones pero no acepto limosnas. Gracias).

Freelance, esos muertos de hambre
Mientras el país vive en la crisis y los trabajadores “regulares” calculan lo que les quedaría si les despidieran tras la infausta reforma laboral o los trabajadores despedidos luchan por cobrar más de veinte días por año trabajado en sus indemnizaciones, los freelance combatimos para que nos paguen y para que no nos exploten demasiado.

No nos planteamos “lujos asiáticos” como tener estabilidad laboral, trabajo asegurado más allá de un mes o derecho a indemnizaciones o paro, aun a pesar de que es habitual en las empresas de comunicación abaratar costes empleando a periodistas “autónomos” que en realidad son trabajadores encubiertos.

No he venido a quejarme ni a llorar, he venido para contar como es el mundo (periodístico y por extensión el mundo laboral) y cómo muchas empresas se aprovechan de los trabajadores para conseguir cada vez mayores beneficios o mantener los sueldos de ensueño y los privilegios de sus jefes (como tener chófer mientras las empresas que dirigen no pagan a sus trabajadores, irse de relaciones públicas a países exóticos, relajarse en balnearios y hoteles de lujo a cargo de la empresa etc…). Será largo y doloroso, aviso.



Seguramente muchas de las situaciones que vivimos en el mundo de la prensa, y que iré desgranando en este artículo, os sonarán e incluso las habéis padecido en carne propia en otros (in)mundos laborales diferentes al nuestro.

Si hacemos examen de conciencia, quizá deberíamos tener en cuenta que lo que ha arruinado a este país es la codicia; la de todos, sin excepción. También ha influido decisivamente que nos han apretado, nos han explotado, nos han machacado, nos han puesto normas y castigos para todo, nos han extorsionado y hemos callado…

Libertad de Expresión

La primera noche,
ellos se acercan
y toman una flor de nuestro jardín.
No decimos nada.
La segunda noche
ya no se esconden,
pisan las flores,
matan a nuestro perro
y no decimos nada.
Hasta que un día,
el más frágil de ellos,
entra solo a nuestra casa,
nos roba la luna,
y conociendo nuestro miedo,
nos arranca la voz de la garganta.
Y porque no dijimos nada,
ya no podemos decir nada.

Vladimir Maiakovski


Contenido:
Los críticos, esos “vendidos”
Los freelance estamos en tu casa
Por amor al arte, artistas que viven del aire
Mondo becario
Gratis no trabajo
Recortes para todos… los trabajadores
WC Ediciones, tiremos de la cadena
Luchemos por el futuro del periodismo

Los críticos, esos “vendidos”
Una de las situaciones más surrealistas y paradójicas que hemos vivido en los últimos tiempos fue cuando a los críticos literarios de Qué Leer nos acusaron de estar “vendidos” y de “connivencia con la industria editorial por motivos económicos”.
No sé qué fabulosas prebendas y sobornos se imaginaban los críticos de los críticos literarios que cobrábamos…
Lo cierto es que MC Ediciones, también conocida actualmente como Mala Gestión Ediciones, propietaria de Qué Leer, nos debía nueve meses de colaboraciones que no había forma de cobrar entre continuas excusas, aplazamientos y mentiras. A nosotros y a unos 500 colaboradores de las casi 80 revistas del grupo, que siempre se ha publicitado como “líder en contenidos editoriales con más de 70 marcas” sin tener presente nunca que la cantidad no equivale a la calidad.
De hecho, la calidad de las revistas la aseguraban los trabajadores y los colaboradores a golpe de trabajo, de compromiso y de dignidad profesional, que no hay que confundir con dignidad laboral. En MC se trabajaba a destajo, con menos de un periodista en plantilla por revista…

En el zulo de MC se trabajaba a destajo, igual que se trabaja en muchas “redacciones” de medios digitales –una buena parte de ellos la versión online de revistas en papel- que no tienen presupuesto para contenidos y tienen a uno o dos periodistas a cargo de todo. Porque todos estamos de acuerdo en que “internet es el futuro” pero nadie parece asumir que hay que apostar por él de forma real e invertir y pagar a los periodistas un sueldo o un tanto por página que no sea miserable.

He propuesto colaboraciones a muchos de estos medios digitales y, por mi trayectoria, muchos se han entusiasmado ante la posibilidad de que escribiera para ellos. El problema es que, cuando preguntaba sobre la remuneración, el responsable del medio afirmaba: “nos encantaría pagarte, pero, lamentablemente, no tenemos presupuesto para colaboraciones”.

Si toleramos sistemas de trabajo que consisten en explotar a los periodistas y en no pagarles o en retribuirles económicamente con limosnas (a menos de euro el folio), la libertad se desmorona… No sé, yo creía que la esclavitud ya había sido superada.

Los freelance estamos en tu casa
No somos pocos, los “freelance, esos muertos de hambre” somos una horda fragmentada que trabaja cada uno por su cuenta y muchas veces escribe en su casa y que os traemos a casa las noticias; la cultura; los cotilleos; las tendencias; las corrientes de opinión; las críticas musicales y cinematográficas; los reportajes sociales y humanos; los artículos especializados de revistas tan diferentes como Integral, FHM, Qué Leer, Más allá, Todo Perros, Rutas del mundo o Moto Viva; los reportajes sobre viajes y sobre política; las entrevistas con los creadores de todos los campos… todo.


Formamos parte de vuestra vida aunque los lectores no sepáis de nuestra existencia y no conozcáis nuestra situación. Los freelance vivimos en la heroicidad permanente de llegar a fin de mes, crear contenidos vibrantes, informados, documentados e interesantes y  defender nuestros derechos más elementales…

Como que nos paguen cuando nos han encargado algo y no sale publicado porque el redactor jefe, el director o el mandamás de mandamases ha cambiado de opinión por razones que no tienen nada que ver con nuestro trabajo; como que no intenten pagarnos a menos de un euro el folio; como que nuestros artículos no queden meses en la nevera de los medios (y sin cobrar) en espera de ser publicados; como que nos paguen cuando toca y no se saquen de la manga de repente un “ a los proveedores les pagamos a 60 (o 90) días”…

Los freelance somos el alma de los medios de comunicación. Hay colaboradores que son enviados especiales de medios muy influyentes, hay colaboradores en cultura, espectáculos y en política y en internacional y en opinión; hay colaboradores fotógrafos y todo tipo de periodistas gráficos y audiovisuales freelance.

Por amor al arte, artistas que viven del aire
Los artistas, en la acepción de aquellos que practicamos algún arte, somos seres etéreos. Tanto que nos piden continuamente que creemos obras, escribamos o asistamos a performances gratis para promocionarnos, incluso multinacionales que manejan, generan y ganan mucho dinero.
Escritores, pintores, grafiteros, músicos, cantantes… somos los eternos aspirantes a artistas, los aprendices perpetuos, los becarios imposibles.

Con la frase “así te sirve de promoción” pretenden que actuemos y creemos gratis. Otra de las situaciones surrealistas que he vivido fue cuando a un grupo de artistas murales (también conocidos como grafiteros) les invitaron a crear en directo para una fiesta de una opulenta multinacional con la excusa de “promocionarse”.
Bueno, hasta aquí más o menos bien: o aceptas o no aceptas.



El surrealismo máximo llegó para mí cuando, una vez pintados los murales, pidieron a la organización que si les podía enviar las fotos que había hecho de sus obras el fotógrafo del evento.
Respuesta: “hombre, debéis entender que las fotografías valen dinero y que no las podemos dar gratis”.
¿¿¿????
O sea, el trabajo del fotógrafo tiene un valor, pero el de los artistas murales no. Y, peor aun, ¿pretendían cobrarles por las fotos???

Mondo becario
Otro interesante –y deprimente- fenómeno es el de los “becarios para todo”. Al parecer, la creencia íntima de los dueños de empresas de comunicación y relaciones públicas, entre otros, es que cualquiera puede escribir.

Hace veinte años, cuando fui becaria, la lucha de los becarios era conseguir escribir algo en el medio que te había tocado en suerte o lograr hacer algo que no fuera hacer fotocopias o “picar” la programación televisiva y la cartelera cada día, un trabajo horriblemente aburrido con el que, además, no aprendías nada salvo que hay trabajos muy rutinarios y carentes de glamour en un periódico. También aprendías a sintetizar y a cortar líneas porque el espacio para cada programa o película es limitado.

Hace veinte años, un becario era un mal necesario pactado entre las empresas periodísticas y la universidad con el que no se sabía qué hacer exactamente.
Actualmente, un becario es un chollo y muchas empresas se apoyan en ellos para que escriban gran parte de sus contenidos.
Se supone que un becario debe aprender y contar con la supervisión de un profesional con experiencia sea un periodista, un relaciones públicas o un publicista, dependiendo de la naturaleza de la empresa para la que trabaje.
No obstante, actualmente los becarios son fuerza de trabajo explotada que suplen, con mucho menos coste y muchas veces gratis, a periodistas, redactores de todo tipo, publicistas… Incluso directores. He visto varias ofertas de trabajo en las que piden “directores de arte becarios”.


Imagen de El blog del redactor freelance

No nos engañemos, los becarios de hoy serán, con suerte, los becarios de mañana o, si la suerte no les acompaña, los desempleados del futuro sin derecho a paro ni reconocimiento laboral ni reconocimiento de estatus profesional puesto que su actual trabajo está en tierra de nadie.
Es más barato sustituir los becarios por otros becarios o convertirlos en aprendices eternos. Al fin y al cabo, la mayoría de dueños y responsables de las empresas son tan iletrados que no saben diferenciar un texto profesional y bien escrito de un texto cualquiera.
Hasta que los empresarios, jefes, dueños y otros “responsables” no asuman que cualquiera no es capaz de escribir, seguiremos leyendo u oyendo auténticas atrocidades en todos los medios: publicitarios, audiovisuales, prensa tradicional, revistas, portales de internet, páginas corporativas de empresas, revistas online, páginas de empresa en las redes sociales…


En mi eterna búsqueda de colaboraciones como “freelance, esos muertos de hambre”, llamé también a una antigua conocida que ahora trabaja como responsable de medios en una multinacional cafetera.
Me atendió muy amablemente y me informó que los temas de redacción los lleva el “equipo de becarios” de una importante y conocida empresa de comunicación y relaciones públicas con nombre casi de bocadillo.
Si ya hay hasta equipos de becarios, más vale que los redactores y escritores nos dediquemos a otra cosa. Lo que todavía no he descubierto es a qué.

6 comentarios:

  1. Por desgracia todo cuanto dices puede aplicarse a traductores freelance como yo

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  2. Lo sé, también soy traductora freelance! ¡Qué bonito mundo!!!! Nada, querido anónimo, a resistir lo más dignamente que podamos :-)

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  3. Alicia, me encantó tu post. Lo he nombrado en mi blog (yo también soy periodista freelance)

    http://www.escribirapesardetodo.com/2012/03/no-solo-de-pan-vive-el-freelance.html

    Ánimo y enhorabuena!!

    Laura

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  4. Querida Alicia, admiro tu don de decir las cosas como son y de la forma como pueden llegar. Quien no te lea, se lo pierde. Yo escribo por hobbie y por tratar de hacer algo por aquellos que son discriminados o usados por personas más poderosas, reconocidas o adaptadas, dentro de una sociedad disfuncional, lo que las hace realmente más dañadas y dañinas que sus víctimas. Pero llevo años dando talleres y charlas de crecimiento personal (como coach) a gente de muy pocos recursos y baja autoestima, y no creo haber llegado a cobrar ni el 10% de esas veces. Pero, ¿cómo dejarlos en ese bajísimo nivel de calidad de vida, donde nadie se interesa por tenderles una mano? Y, sea como sea, por otro lado la vida me da los recursos para seguir cubriendo mis propios gastos, eso sí, sin nada de lujos. Pues nada, que te escribo para animarte a seguir siendo auténtica y proactiva, a seguir obedeciendo a esa esencia que te impulsa a vaciarte en negro sobre blanco y a plasmar la vida en palabras efectivas, y cuando tengas un tiempo, déjame saber que opinas de mis spots en dos blogs desde donde hablo a favor del mundo que creo mejor para todos. Un abrazo desde Venezuela! Gustavo
    http://lobigus.blogspot.com/ http://raguniano.blogspot.com/

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  5. Estoy de acuerdo con lo que dices. Y encima, hay quien envidia vuestra situación...
    Pero soy positivo: el tiempo pone a cada uno en su lugar, de sobras lo he visto y lo he vivido.
    Para acabar, una nota de humor: revisar las "viejas" películas de los hermanos Marx. Quitando las ropas y el decorado, la situación es tan familiar, tan cercana... ¡Qué duro ha sido siempre ser artista!

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  6. El libro imprescindible para entender lo que está pasando: "Free Ride", de Robert Levine

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