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viernes, 18 de noviembre de 2011

Misterio y miseria de la belleza

Misterio y miseria de la belleza. Amedeo Modigliani y Jeanne Hébuterne

De Adiós Mundo Cruel: http://www.aliciamisrahi.com/adios.htm

La historia de Jeanne Hébuterne y Amedeo Modigliani (1884-1920) podría parecer vista de lejos un gran amor, pero lo cierto es que tuvieron una historia tortuosa y enfermiza. La hipótesis de que vivieron un gran amor proviene sobre todo de que ella, embarazada de nueve meses, se suicidó horas después de la muerte de él tirándose desde un quinto piso. La idea romántica es que no podía vivir sin él, la realidad es que juntos habían caminado decididamente hacia la destrucción.




Jeanne y Amedeo se conocieron en julio de 1907, cuando ella tenía 19 años y él 30.

Modigliani fue reconocido como uno de los grandes pintores del siglo después de su muerte, pero vivió toda su vida en la miseria y su salud fue precaria. Padecía tuberculosis y se dedicó a todo tipo de placeres y excesos con sus compañeros de la bohemia: alcohol, cocaína, hachis...

Modigliani se instaló en Montparnasse en 1909. Empezó su carrera artística esculpiendo cabezas femeninas muy alargadas. En 1913 abandonó la escultura por la pintura; continuó con las caras alargadas, estilizó las figuras y dio expresividad a los rostros con ojos almendrados muy brillantes y sin pupila.

Tras ser rechazado por culpa de su mala salud cuando quiso alistarse voluntario en la Primera Guerra Mundial, Modigliani inició una agitada relación con la periodista Beatrice Hastings, que tuvo su momento culminante cuando la arrojó por una ventana cerrada. Después de su ruptura en 1917, hizo su primera serie de desnudos femeninos.




Jeanne Hébutherne provenía de una familia de la pequeña burguesía. Era una mujer reservada que estudiaba para ser artista y no vaciló en romper con su familia cuando se opusieron a su relación.

La belleza interior
Modigliani era bajito y poca cosa, pero poseía talento y una gran fuerza interior que le hacían parecer hermoso y seductor. Cocteau dijo de él que era “esplendoroso”. Modigliani defendía el mundo de las ideas y del subconsciente en una época en la que imperaban tendencias organizadoras como el cubismo y el fauvismo.



Los cuadros de Modigliani no eran apreciados porque se consideraban de mal gusto por los explícitos desnudos y porque las siluetas alargadas eran percibidas como grotescas. El año en que se conocieron Modigliani y Jeanne, el principal defensor del pintor, el polaco Zborowski, le consiguió una exposición individual. La esperanza duró poco, pues fue clausurada el mismo día de la inauguración porque en algunos cuadros mostraba el vello púbico.

Los que definen como gran amor la relación entre Amedeo y Jeanne pasan por alto que él comía fuera de casa, pintaba en el piso de Zborowski a menudo y no la llevaba ni a casa de sus amigos ni a los cafés. Era un hombre violento que se peleaba con quien fuera cuando estaba borracho y al que habían visto pegando empujones y tirándole del pelo a Jeanne.

Para acabarlo de empeorar, ella quedó embarazada. Los padres de ella presionaron para que se casaran, pero Amedeo argumentaba que estaba enfermo y que se moría de hambre porque su familia no le podía enviar dinero. Entonces hicieron, todos juntos, otro disparate: Jeanne, su madre, Amedeo, Zborowski y su mujer y los artistas Soutine y Foujita, buenos amigos de Modigliani, se fueron a Niza con el fin de que mejorara la salud del pintor y tuviera tranquilidad para pintar. Fue todo una locura, ya que Jeanne y su madre residían en una granja de la Costa Azul, mientras Amedeo residía en otra, en la que dejó embarazada a la granjera. La inmadura Jeanne amaba a Amedeo, pero no era correspondida. Amedeo sí quería a su hija, pero no estaba preparado para tenerla.

Entonces él escapó, pero Jeanne, embarazada de nuevo, le siguió. Vivieron entonces juntos y en la miseria, con él ya gravemente enfermo y escupiendo sangre. La relación entre los dos era fatal, pero Amedeo no se atrevió a dejarla y rompió hasta con Zborowski.

Una noche del mes de enero de 1920 llevaron a Modigliani a casa. Deliraba y tenía fiebre. Durante una semana los dos amantes permanecieron en el estudio bebiendo alcohol y alimentándose a base de sardinas en lata. No tenían carbón ni agua. Ella se dibujaba a sí misma suicidándose y escribía en su diario. Entre otras anotaciones, contó que él le dedicó dulces palabras de amor. A Modigliani se le declaró una tuberculosis meningítica.

Al séptimo día apareció el pintor Ortiz de Zárate. Horrorizado, hizo ingresar a su colega y llevó a la desorientada y embarazadísima Jeanne con sus padres. El pintor murió tres días después, el 24 de enero de 1920.

Jeanne, que estaba a punto de parir, se suicidó a las cuatro de la madrugada tirándose de espaldas a la calle desde el balcón de la casa de sus padres Era un quinto piso y se mató instantáneamente.



El peregrinaje de un cadáver

Un obrero encontró el cuerpo y lo subió, pero André, hermano de Jeanne no quiso aceptarlo y dijo que lo llevaran al estudio de Modigliani. Allí fue la portera quien no quiso admitir los restos. El pobre operario dirigió entonces la carretilla en la que transportaba el cuerpo a la comisaría. Allí dictaron una orden para que la portera admitiera a la muerta.

El entierro de Modigliani, que tras su muerte inició una fulgurante ascensión, fue muy concurrido. Hébuterne fue enterrada en soledad, pero nueve años después, el hermano de Modigliani consiguió que sus restos fueran trasladados a la misma tumba.

En la lápida funeraria hay grabada una inscripción en italiano que describe al pintor “llamado por la muerte cuando había llegado a la gloria”. Ella es “la compañera de Amedeo Modigliani, abnegada hasta el sacrificio extremo”.


martes, 8 de noviembre de 2011

Los tips de las grandes seductoras

Las grandes seductoras, ya sean cortesanas, intelectuales liberadas, favoritas de los reyes, o estrellas de cine, tienen en común que fueron mujeres  adelantadas a su tiempo, dueñas de sus destinos y de su sexualidad en épocas en las que las mujeres estaban supeditadas a los hombres.

Alicia Misrahi, autora de Manual de la aprendiza de depredadora. Página web: www.aliciamisrahi.com/

Algunas de estas seductoras consiguieron su independencia viviendo a costa de los hombres que les rendían tributo, otras se negaron a abandonar su vocación artística para casarse y tuvieron amantes que las acompañaron en momentos de su vida, muchas tuvieron vidas alternativas, pero todas fueron mujeres interesantes que atraían las miradas de los hombres y sus deseos sin renunciar a su personalidad y a su vida.
Aun hoy en día podemos aprender de ellas porque, aun en nuestros tiempos, muchas de ellas siguen siendo unas pioneras.

Sus trucos de seducción

Imaginación
Cora Pearl, cortesana de la segunda mitad del siglo XIX, usó como pocas el arte de la propia publicidad. En una ocasión se sirvió a sí misma como postre ante sus invitados cubierta de rosetas de nata, una uva en su ombligo y una flor en un pezón. En unas memorias que se le atribuyen, la seductora narra este lance:
“En cuanto quitaron la tapadera mi compensación fue verme rodeada de ojos incrédulos y bocas entreabiertas. Monsieur Paul, como yo me lo esperaba, fue el primero en reponerse de la impresión y con una frialdad afectada alargó el brazo, cogió la uva y se la introdujo morosamente en la boca. Para no ser menos, monsieur Perriport se inclinó sobre la bandeja y con la lengua se hizo cargo de la florecita blanca que Salé había puesto en mi pezón derecho.” A continuación todos, menos monsieur Goubouges, que, como yo esperaba, se limitó a disfrutar observándolo todo, se fueron acercando arrodillándose en las sillas o sobre la mesa, y pasaron por mi cuerpo lenguas y dedos para lamer aquellas dulzuras.”
Cora Pearl

Alguna extravagancia y un sello distintivo personal nunca vienen mal a la hora de promocionarse (o lo que, en nuestro caso es lo mismo, atraer a los hombres). Por otro lado, un festín privado (reducido a dos invitados o como mucho a tres, incluida la mujer dulce) puede ser muy sexy. El sexo es imaginación y fantasía.

Provocación e inteligencia
A pesar de que Marilyn Monroe (1926-1962) no fue una mujer emocionalmente inteligente a la hora de vivir sus relaciones sentimentales o escoger a los sujetos de su devoción, lo cierto es que su desparpajo y su sensualidad arrolladora la convirtieron en una sex symbol deseada por todos.


Aparte de por sus curvas y su implacable fotogenia, Marilyn también provocó y conquistó con sus declaraciones. Frases como “El sexo forma parte de la naturaleza y yo me llevo de maravilla con la naturaleza o “No me importa vivir en un mundo de hombres siempre que pueda ser una mujer en él” propiciaron su fama de devoradora.
Una mezcla de accesibilidad y orgullo que nos haga parecer algo inaccesibles son atrayentes: todos desean aquello que no tienen pero que intuyen que, aunque con dificultades, pueden tener.

Orgullo
Cuanto más hagamos para que un hombre se fije en nosotras, nos haga caso o se interese por nuestra persona, más se alejará.
Alguien dijo que los hombres son como los gatos, cuanto más los persigues menos caso te hacen y cuanto más los ignoras, más se acercarán a ti. Y si no lo ha dicho nadie, debería haberlo hecho.



De Josefina Bonaparte (1763-1814), gran seductora que encandiló al mismisimo Napoleón -dueño del mundo aunque pelín bajito-, podemos aprender el divertido truco de reprochar a un amante que nos tiene desatendidas cuando somos nosotras las que no nos lo tomamos demasiado en serio. Lo usó con Napoleón y le fue muy bien.

Diversificación
Las grandes seductoras, sobre todo las que vivieron económicamente de sus amores, no se centraban jamás en un solo hombre sino que mantenían a varios en vilo o en espera para concederles sus favores.


La maestra fue Ninon de Lenclos, dueña de un prestigioso salón cultural y político. Se rodeó de una corte de admiradores que la financiaba y que se dividía según su rango: el favorito, que como mucho podía durar varios meses, pero también un día; los paganos, que hacían frente a  sus gastos y todavía tenían esperanzas, y los “suspirantes”, que no eran ni ricos ni seductores y no tenían posibilidades pero a los que permitía halagarla.
Sí, realmente es divertido contar con varios hombres para diversas funciones y actividades y para no colgarse demasiado de uno de ellos.

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