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martes, 8 de noviembre de 2011

Los tips de las grandes seductoras

Las grandes seductoras, ya sean cortesanas, intelectuales liberadas, favoritas de los reyes, o estrellas de cine, tienen en común que fueron mujeres  adelantadas a su tiempo, dueñas de sus destinos y de su sexualidad en épocas en las que las mujeres estaban supeditadas a los hombres.

Alicia Misrahi, autora de Manual de la aprendiza de depredadora. Página web: www.aliciamisrahi.com/

Algunas de estas seductoras consiguieron su independencia viviendo a costa de los hombres que les rendían tributo, otras se negaron a abandonar su vocación artística para casarse y tuvieron amantes que las acompañaron en momentos de su vida, muchas tuvieron vidas alternativas, pero todas fueron mujeres interesantes que atraían las miradas de los hombres y sus deseos sin renunciar a su personalidad y a su vida.
Aun hoy en día podemos aprender de ellas porque, aun en nuestros tiempos, muchas de ellas siguen siendo unas pioneras.

Sus trucos de seducción

Imaginación
Cora Pearl, cortesana de la segunda mitad del siglo XIX, usó como pocas el arte de la propia publicidad. En una ocasión se sirvió a sí misma como postre ante sus invitados cubierta de rosetas de nata, una uva en su ombligo y una flor en un pezón. En unas memorias que se le atribuyen, la seductora narra este lance:
“En cuanto quitaron la tapadera mi compensación fue verme rodeada de ojos incrédulos y bocas entreabiertas. Monsieur Paul, como yo me lo esperaba, fue el primero en reponerse de la impresión y con una frialdad afectada alargó el brazo, cogió la uva y se la introdujo morosamente en la boca. Para no ser menos, monsieur Perriport se inclinó sobre la bandeja y con la lengua se hizo cargo de la florecita blanca que Salé había puesto en mi pezón derecho.” A continuación todos, menos monsieur Goubouges, que, como yo esperaba, se limitó a disfrutar observándolo todo, se fueron acercando arrodillándose en las sillas o sobre la mesa, y pasaron por mi cuerpo lenguas y dedos para lamer aquellas dulzuras.”
Cora Pearl

Alguna extravagancia y un sello distintivo personal nunca vienen mal a la hora de promocionarse (o lo que, en nuestro caso es lo mismo, atraer a los hombres). Por otro lado, un festín privado (reducido a dos invitados o como mucho a tres, incluida la mujer dulce) puede ser muy sexy. El sexo es imaginación y fantasía.

Provocación e inteligencia
A pesar de que Marilyn Monroe (1926-1962) no fue una mujer emocionalmente inteligente a la hora de vivir sus relaciones sentimentales o escoger a los sujetos de su devoción, lo cierto es que su desparpajo y su sensualidad arrolladora la convirtieron en una sex symbol deseada por todos.


Aparte de por sus curvas y su implacable fotogenia, Marilyn también provocó y conquistó con sus declaraciones. Frases como “El sexo forma parte de la naturaleza y yo me llevo de maravilla con la naturaleza o “No me importa vivir en un mundo de hombres siempre que pueda ser una mujer en él” propiciaron su fama de devoradora.
Una mezcla de accesibilidad y orgullo que nos haga parecer algo inaccesibles son atrayentes: todos desean aquello que no tienen pero que intuyen que, aunque con dificultades, pueden tener.

Orgullo
Cuanto más hagamos para que un hombre se fije en nosotras, nos haga caso o se interese por nuestra persona, más se alejará.
Alguien dijo que los hombres son como los gatos, cuanto más los persigues menos caso te hacen y cuanto más los ignoras, más se acercarán a ti. Y si no lo ha dicho nadie, debería haberlo hecho.



De Josefina Bonaparte (1763-1814), gran seductora que encandiló al mismisimo Napoleón -dueño del mundo aunque pelín bajito-, podemos aprender el divertido truco de reprochar a un amante que nos tiene desatendidas cuando somos nosotras las que no nos lo tomamos demasiado en serio. Lo usó con Napoleón y le fue muy bien.

Diversificación
Las grandes seductoras, sobre todo las que vivieron económicamente de sus amores, no se centraban jamás en un solo hombre sino que mantenían a varios en vilo o en espera para concederles sus favores.


La maestra fue Ninon de Lenclos, dueña de un prestigioso salón cultural y político. Se rodeó de una corte de admiradores que la financiaba y que se dividía según su rango: el favorito, que como mucho podía durar varios meses, pero también un día; los paganos, que hacían frente a  sus gastos y todavía tenían esperanzas, y los “suspirantes”, que no eran ni ricos ni seductores y no tenían posibilidades pero a los que permitía halagarla.
Sí, realmente es divertido contar con varios hombres para diversas funciones y actividades y para no colgarse demasiado de uno de ellos.

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http://www.inmediatika.es/products/los-tips-de-las-grandes-seductoras

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