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viernes, 12 de agosto de 2011

Sonrisa de bailarines de salón


Bailad malditos bailad

Me gusta bailar. Desde hace un mes, sin embargo, bailar ha cobrado un significado diferente. Ya nunca más me reiré de la gente que en las bodas va contando los pasos: “Un dos tres CUATRO un dos tres CUATRO” o “un dos tres cuatrocinco seis siete y ocho” con cara de gran preocupación y tensión mientras se miran los pies con gran concentración y esfuerzo y componen una figura un tanto encorvada y poco elegante... Con tanto mirarse a los pies parecen dos gnomos chupacharcos mirando dentro de un pozo. No, prometo no reírme más.





Ahora soy yo la que estoy aprendiendo bailes de salón. Mi pareja de baile, que es un armario, es mi amigo L. y a pesar de que no soy precisamente pequeña ni manejable el tío me hace ir por donde quiere. Para más Inri, él hace los pasos muy largos y me lleva un poco como colgando... Pero estamos mejorando.

Como terapia me va muy bien. Estoy acostumbrada a tenerlo todo bajo control, a organizar, a llevar mi trabajo con mano de hierro, a crear continuamente, a pensar y a dirigir y aquí... me relajo. El baile es el gran reino, quizás el último, de los hombres...

Si algo falla, es culpa suya... Si algo sale mal, es porque no me avisó a tiempo. Si se hace un paso de más, es porque no calculó bien. Si entramos tarde, ¡oh! También es su responsabilidad.... Y yo me relajo y río...

Y es que somos los más hábiles del curso… No os podéis imaginar como son los otros. Tenemos uno que se ve que el pobre hombre no tiene muy buena visión y siempre me confunde con su pareja de baile. A la que me despisto, lo tengo asomando por el hombro al lado de mi cabeza hablándome. Me pega unos sustos de muerte. Luego tenemos otro que se pone para bailar unos botines de estos de gángster que tiran hacia atrás y más parece que esté bailando country (jia jia jooooooo), por no hablar de la que se pone unos botines de tacón que van haciendo “ñiiiii ñiiii” a cada paso. ¿o será la rodilla?


No sé. En realidad somos los más jóvenes del lugar y nuestra agilidad se nota; vamos que tropezamos más rápido que nadie y recomponemos la figura con mayor celeridad.

Observo, como zurda afectada de muchas discriminaciones que aquí la lateralidad no es importante. Era frustrante cuando en las clases de Aerobic todas se iban para un lado y yo para el contrario... Aunque era mucho peor cuando me las encontraba de cara de golpe y me saludaban todas a la vez (jodías) o directamente tropezaba con ellas. Y todo el tiempo, además de recordar los pasos, tenía que ir pensando: pie derecho, primero pie derecho, levanta la mano derecha, primero la mano derecha... Agotador. Al final conseguí hacer un papel pasable... ¿alguien sabe de algún sitio donde impartan aeróbic para zurdos?



Menos mal que no hice caso a los que me aconsejaban que practicara Tai chi. Creo que no lo decían en serio porque con lo torbellino que soy más que Tai chi hubiera parecido que practicaba la llave del monoloco de cualquier arte marcial “fiuuuu fiuuu fiuuuuu”. Me desespero sólo de pensarlo.

Realmente los bailes de salón son otra cosa. Y se podría decir que tengo dos pies izquierdos, pero como soy zurda, esto es hasta una ventaja.

Mi principal problema es que no distingo todos los bailes. A ver, el pasodoble lo tengo claro, y el vals y el tango... Pero el chachachá o el foxtrot los puedo confundir con cualquier otra cosa y entonces no sé cuál serie de pasos de la variada gama que he aprendido tengo que poner en práctica. Pero eso no es mi problema, eso es cosa de mi pareja de baile que tiene que tomar todas las decisiones e incluso avisarme cuando tengo que dar el primer paso (menos mal porque me cogen unos ataques de indecisión que no me habían ocurrido en mi vida y si por mi fuera no empezaríamos nunca, es que no lo acabo de ver claro. Yo qué sé).
¡
Nos morimos de la risa. Y mi pareja de baile, mi amigo L., cuando toca ensayar un baile me dice: “Ven pacá, cordera”. Ays dios, todo el mundo nos mira mal porque nos pasamos la clase carcajeándonos.



Así por curiosear tuve la gran idea de buscar información sobre los bailes que estamos aprendiendo. ¡En mala hora! Ahora, además del Un dos tres y un dos tres (que intento pensar dignamente sin mover los labios para que no se note) voy pensando “el cha cha chá se llama así por el ruido que hacen los pies al rozar el suelo”, un dos tres cuatro “la rumba bolero se toca con güiros, claves y tambores. A la familia de la rumba pertenecen la conga, el danzón y el son”; un dos tres cuatro un dos tres cuatro un dos tres cuatro el pasodoble “Su preparación en la dominante y modo menor está muy relacionada con el modo frigio típico del cante andaluz, con melodía frecuentemente aflamencada” ¡dios, qué frase, Francisco alegre y olé”. Y yo río y río mientras mi pareja suda intentando que llevemos el ritmo y que no nos equivoquemos del todo...




Mi pareja de baile, además, tiene la costumbre de ir subiendo la mano que sostiene la mía, con lo que termino pareciendo un poco llavero, la verdad... Por lo demás, bastante bien (un dos tres miro mis pies, un dos tres miro mis pies un dos tres doy un paso al revés un dos tres ahora un traspiés)...

No, realmente no me voy a reír más de la gente que cuenta y baila en las bodas, quizás porque yo misma esté muy ocupada en contar y bailar, ¡quién sabe!!!




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