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martes, 5 de julio de 2011

Sonrisa animalista

El domingo por la mañana salí a pasear por mi ciudad, Barcelona. Amo su pluralidad, su heterodoxia, su anonimato y, sobre todo, el sentirme reconocida y acogida por sus calles. Formo parte de ella y lo sabe. A pesar de que puede parecer una ciudad fría, reconoce a quienes le pertenecen. Es una ciudad-gato que escoge a sus dueños. Mi corazón sigue con ella.

Me senté en la terraza de un café (un niño que estaba más lejos con su familia intentó birlarme la mesa corriendo hacia ella y sentándose en una de las sillas). Bastó una mirada para que se fuera. :-D

Al rato, una pareja con un bebé y un precioso labrador negro me pidieron permiso para sentarse en mi mesa. Les dije que sí. El labrador tenía aspecto de estar un poco out, pobre, pensé que era por el calor, pero no...

Hablando hablando... Me contaron que estaba un poco desorientado porque acababan de llegar a Barcelona después de un largo viaje: toda la familia había venido de Suiza en tren para poder pasar las vacaciones con él. :-)
Sí, me hicieron sonreír, con ternura.

Pongo foto tierna y genérica de perros y niños porque no llevaba la cámara en ese momento. A partir de ahora la llevaré en el bolso. I Promise.

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