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martes, 26 de julio de 2011

La dura vida del promiscuo

Del blog de mi amiga Sara, asesora sensual de La Maleta Roja.

"Reivindico la palabra promiscuo o promiscua como un estado del ser humano tan válido como otro cualquiera. Me niego a que sea una calificación despectiva.




Si la vida no da amor o necesitas de todo menos amor, ¿por qué no disfrutar de la existencia -buscándolo o sin buscarlo- con relaciones divertidas?

Tengo suerte. Mis dos recursos/amigos/amantes se llaman Pepe, pero no siempre existe esta feliz coincidencia de nombres y a veces se producen situaciones embarazosas.

Mi amiga Laura, que tiene mucho éxito entre los hombres y normalmente tiene a su alrededor varios de ellos danzando y agasajándola, tiene actualmente cuatro amantes más o menos fijos.


Cuando queda con uno de ellos, Laura dice, con una sonrisa encantadora y pelín cínica y ojos chispeantes y soñadores: “voy a repartir amor, tengo mucho amor para dar”.

El problema viene cuando está con uno y está a punto de llamarle por el nombre de otro, pero lo resuelve siempre con rapidez e ingenio.

-¿Te gustó la película, Ma…? Y cuando se da cuenta de que esta a punto de llamar Manolo a Salva, cambia el chip y añade, precipitadamente: “MA-ñana podemos ir a ver otra, hay muchos estrenos interesantes este mes.

O bien, exclama:

- ¡Qué puntazo, Da…” Y entonces se da cuenta de que está a punto de llamar Daniel a Miguel y cambia el tercio otra vez: “DA-me un poco de agua, por favor” o lo que se le ocurra que pueda encajar en el momento.

Todos ellos intuyen que no son los únicos y saben que entre Laura y ellos hay cariño pero no amor ni enamoramiento ni nada que se le parezca. No obstante, para evitar tiranteces y malos rollos, es mejor no hablar de ello ni que se haga evidente.

Quiero proponer, por solidaridad promiscua y desinteresada, algunas salidas airosas para que los coleccionistas de amantes, felices poseedores de una divertida “chorboagenda” –como la denomina Laura-, puedan remediar sus equivocaciones de nombre.

Si el nombre erróneo es Miguel. “MI-ra no sé si estoy de acuerdo con lo que acabo (acabas) de decir” o, sino se te ocurre nada con la suficiente rapidez: “MI-erda, me he olvidado el Cd que te había grabado”.
Para Javier. “JA! Esto ha sido muy gracioso”.
Para Abel. Dios mío, lo has dicho entero, con todas sus letras: ABEL. Haz valer tu dislexia y añade, con naturalidad: “A ver si la semana que viene tengo más tiempo, porque estoy muy estresada”.
Para Raúl. Se impone la rapidez: “RA-pido, sin pensarlo, dime cuál es tu canción favorita”.

Para Salva. “SAL un momento de la habitación, por favor, tengo una sorpresa para ti”. Y entonces, planeas algo excitante, con gran celeridad, como ponerte ese conjunto de ropa interior que todavía no has estrenado y envolverte en una boa de plumas.
Para Valentín. “¿VAL-e que ahora podríamos jugar a ser un sultán y su odalisca? Si has llegado un poco más lejos al pronunciar el nombre equivocado sustituye “Vale” por “Valen”.
Para Pepe: “PE-ro eso es genial”.

P.D.1. La mayoría de estos truquillos valen también para nombres de mujeres.
P.D.2. Estos son sólo algunos ejemplos, puedes crear muchos más sobre la marcha o incluso tener pensados algunos con los nombres de tus habituales para casos de emergencia.
P.D.3. Sí, la vida del promiscuo es deliciosamente estresante.

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