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domingo, 12 de junio de 2011

Los hombres Yogur

De mi amiga Sara, asesora de La Maleta Roja.

"Mis amigas, conocidas y clientas -las solteras, algún día hablaré de las casadas- hemos detectado un nuevo tipo de hombre.


Los hombres yogur son deliciosos. A primera vista y a primer sabor, tienen multitud de matices y un pozo sin fondo de experiencias, ideas, emociones y amor. Te los comes cucharada a cucharada, descubriendo en cada nueva bocanada, cremosa y envolvente, nuevos atractivos.

De pronto, te das cuenta de que tienes el yogur en casa, planeando salidas, quedándose a dormir casi cada día en tu cama, haciendo planes de futuro: romántico y entregado. Y te dices: bueno, esto pintaba bien al principio, había feeling, pero esto es mucho mejor… Me estoy enamorando.

El hombre yogur siempre está ahí para darte de comer nuevas emociones, nuevos mimos y arrumacos, delicadas zalamerías. De pronto, te dice que te quiere o que formas parte importante de tu vida o que no imagina la vida sin ti.

Hace planes, hacéis planes juntos, algunos locos como compartir la vida para siempre, pero no importa porque el hombre yogur tiene una gama inagotable de ideas, connotaciones y sabores y está deseando dejarse devorar. Y te lo comes poco a poco, a medida que va poniendo cucharadas de sí mismo en tu boca.

En algún momento, quizá te sientes empachada y le dices, riendo, porque con él se puede hablar de todo: “cariño, tenemos toda la vida, vivamos el momento, no nos apresuremos”. Y él te da la razón y, de inmediato, hace nuevos planes locos y apasionados.

Ha pasado un mes, todo ha sido y es maravilloso, pero, de pronto, llegas al fondo; tu cuchara hace un ruido áspero y vacío y no hay nada. Por el camino, el yogur ha ido cambiando de sabor, volviéndose cada vez más dulce y delicioso, incluso con grandes declaraciones de amor. Conoces a sus padres y hermanos –porque él lo organizó-, habéis ido a alguna fiesta con su grupo de amigos, conoce a tus amigos y a tu familia, porque él lo quiso así… Y os habéis divertido mucho juntos y compartido mucho amor.


Y cuando estabas segura de que es un postre de verdad, hecho a medida, se acaba de pronto, sin ninguna explicación. ¡Ah sí!, aquello de “vamos demasiado deprisa” Y una piensa, hablando mal, “pero desgraciao, si eres tú el que prácticamente se ha instalado en mi casa, el que insistió para conocer a mis padres, el que planeaba que nos fuéramos de vacaciones juntos a los dos días de conocernos, el que cada vez que veía una casa con vistas al mar decía que sería perfecta para los dos…”


Es un hombre yogur. Se deshace en tu lengua y en tus manos, se funde contigo, se cuela en tu boca para que lo saborees y seas adicta a su esencia y cuando estás segura de que te quiere, de que le quieres y de que es una relación seria, se termina. Llegas al final, devoras la última cucharada, que te deja un amargo sabor, y chocas contra el muro de su fondo de envase de cartón. Se ha acabado, se ha consumido demasiado deprisa. Y ya no hay más.

Si alguien le encuentra la explicación, que me lo explique por favor. Yo me debato entre varias: son hombres que necesitan vivir una ilusión y parece que se entregan pero cuando consiguen lo que quieren –a ti- se asustan de repente; quieren ir tan deprisa –a pesar de que una les intenta echar un poco el freno- que sus amores se queman rápido; se sienten solos por cualquier razón y te quieren con la cabeza -porque creen que eres una mujer adecuada para ellos-, pero no con el corazón, o, simplemente, no saben lo que quieren.


¡Ah, los hombres yogur! ¡Qué complejidad de fragancias y de matices! Quizá lo mejor es aprender a reconocerlos al primer vistazo y dejarse llevar por una relación pasional con un final anunciado. Mi pregunta es ¿dónde tienen impresa la fecha de caducidad?"

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